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KTPEP041

IMR117 – Twilight Universe

Otro día amanecía en el hemisferio norte del planeta, gobernado desde hace milenios por la facción Kroetana. Su desarrollo tecnológico había sobrepasado todo límite, hasta el punto de que sus mejores científicos estimaban que el gran colapso sucedería en este mismo lustro. En el hemisferio sur, los Sentonelíes desconocían estos cálculos: su civilización no se fundó sobre ciencia o tecnología, sino sobre la vida espiritual. Sin embargo, algunos comandantes habían escuchado rumores. Uno de sus espías más astutos obtuvo un fragmento de un informe Kroetano que, aunque incompleto, dejaba entrever un destino catastrófico para el planeta.

Aunque los Sentonelíes no eran ingenuos, siempre habían sido pacíficos. Hace milenios, ambas civilizaciones formaban un único pueblo en el planeta Fasti, hasta que una disputa intelectual rompió su armonía. Se dividieron: los Kroetanos conservaron el conocimiento científico y el hemisferio norte, mientras que los Sentonelíes se asentaron en el sur —el único lugar con clima templado y población estable— junto con el último gran hallazgo: “HH” (Hidrógeno Humano).

Al descubrir la amenaza, el líder Sentonelí declaró la guerra a los Kroetanos, a quienes consideraba responsables. Era la primera guerra formal entre ambos pueblos, más allá de incidentes aislados registrados en sus archivos. Pero no era una guerra de armas —ni siquiera tenían una palabra para eso—, sino de sabotaje: los Sentonelíes obstaculizaban proyectos Kroetanos, y estos respondían atacando sus símbolos sagrados.

Durante una de estas misiones, un joven Sentonelí intentó desactivar un acelerador de partículas. Al hacerlo, escuchó un silbido sordo y sintió una disociación corporal. Ese pequeño sabotaje provocó el fin del mundo tal como lo conocían. La humanidad fue completamente aniquilada, excepto por el mayor secreto Sentonelí: un recipiente blindado con dos H grabadas. Para ellos, era su divinidad suprema.

La explosión rompió el contenedor, liberando un código de ADN virtual encapsulado en una molécula de hidrógeno. Tras milenios intacto, comenzó a mezclarse con el aire, la tierra y los restos de vegetación que sobrevivieron a la catástrofe.

Un nuevo mundo amanecía.

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